EN DEFENSA DE LAS HUMANIDADES


Hace unos días en las redes sociales pudimos ver cómo miles de usuarios defendían la modalidad de humanidades, haciendo que se convirtiera en tendencia esta reivindicación. La culpable, un supuesto boletín donde se suprimían algunas de estas asignaturas, o, se relegaban a optativas para el curso que viene.

Yo soy una de esas personas que cursó el Bachiller de Humanidades. Con sus asignaturas de filosofía, latín, griego, cultura clásica y literatura. Ya era consciente que solo por matricularme en esta rama, iba a tener menos salidas laborales que un estudiante de la modalidad científica. O al menos no lo iba a tener tan fácil. Pero si algo sé, es que no puedo con los números y fórmulas. Me dan urticaria. Mi cerebro desconecta. Y créanme, me esforzaba por comprender, pero que siempre me quedaran estas asignaturas para septiembre y me pasaba todo el verano entre academias, no ayudaba.

Pero si hay algo que aprendí y por lo que no me arrepentí estudiar latín y griego, las mal llamadas lenguas muertas, es la gran cultura que dan. Y la apertura de mente. Estudiar y comprender las sociedades del pasado, cómo trabajaban o qué les motivaba a construir auténticas maravillas a sus dioses. Dioses, por cierto, no tan lejanos con el culto católico.

Gracias a ellos, a los romanos, griegos y en menor medida a los egipcios, hoy comprendemos el mundo de esta forma. Los cánones de belleza, las leyes, fiestas cuyo origen son paganos… ¡somos más romanos y griegos de lo que creemos!

Si estos estudios se suprimen del recorrido del estudiante, o se relegan a optativo, al menos que la persona no se cultive intelectualmente por su cuenta, tendremos científicos -que son muy necesarios, no lo niego- pero un pueblo más moldeable, sin criterio ni capaz de reflexionar. Porque las humanidades, hacen del hombre un ser crítico, racional. Con ciencias como la filosofía, nos sentimos un poco más libres, a conocer y defender lo que pensamos o creemos.

Pero por encima de esto, se encuentra la imperiosa necesidad de modificar el sistema educativo actual, pues pienso es caduco y entiendo que las cifras de abandono escolar sean altas. No comprendo, por ejemplo, cómo a muchachos se les puede obligar leer libros incomprensibles para esta edad como son autores del Siglo de Oro. Que ni mucho menos los desprecio, pero si a un adulto con conocimiento y capacidad le cuesta… ¡imaginad a un adolescente! Luego esas personas cogerán asco a la lectura y nos quejaremos que en España “no se lee”. ¿No será mejor que los chavales disfruten de lecturas más actuales donde se aprenda y a la vez se fomente el hábito de la lectura?

En definitiva, las humanidades, no pueden desaparecer ni quedar reducidas a un par de asignaturas. Yo nunca me he arrepentido de estudiarlas, es más, volvería a hacerlo.

Se deben estimular, dar más visibilidad y, sobre todo, dar más impulso a los estudios posteriores no científicos. No es el primer ataque a esta rama del saber, pero una vez más, podemos decir eso de “las humanidades no se tocan”.

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