¿TRUCO O TRATO?


Desde hace unos años, hemos visto cómo nuestra sociedad ha recibido con los brazos abiertos y ha hecho suya, adaptando a su entorno, acontecimientos y eventos que no son del todo nacionales. Hablo de la Navidad (con Papá Noel), o de Halloween, que va tomando peso y desplaza a la celebración religiosa.

Este año, por motivo de la pandemia, no veremos las calles y salas de fiestas repletas de brujas, vampiros o fantasmas. Ni siquiera niños pidiendo caramelos en los locales de pie de calle. Quizás, se traslade al espacio virtual o se hagan fiestas reducidas entre amigos (a pesar de lo que eso suele acarrear).

Hay quien dice eso de “Halloween no es español” y quien prefiere ir a visitar a sus familiares a los cementerios y comer los dulces tradicionales. Me parece perfecto. Puede que lleven algo de razón, pero no toda. La forma de celebrar esta fiesta pagana (con disfraces de seres o entidades espeluznantes, pedir caramelos, y, en definitiva, beber) es una imposición americana. Pero el origen, el núcleo, es celta. Y en España, hubo celtas. Los llamados celtíberos, con sus lenguas, pueblos y tradiciones. En un principio, en esta noche, se pensaba que el mundo de los vivos y muertos se estrechaban. Para ayudar a las almas (hay quien dice que para espantarlas) se encendían pequeñas luces. Luces que derivaron, en la famosa calabaza con una vela dentro.

La globalización, la americanizarión del mundo, la imposición del inglés como lengua universal o por la razón que quieras, ha impulsado la noche de Todos los Santos como la noche del terror. Por otro lado, las apariciones de religiones New Ages como la Wicca, han idealizado la imaginería colectiva. Ya no se puede parar. ¡Que no te pille un espíritu travieso esta noche, querido lector o lectora!

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